Iniciamos con este texto una serie de artículos que el Grupo de Producción y Eficiencia energética de nuestra cooperativa ha preparado con el objetivo de dar unas pautas sencillas de ahorro y eficiencia eléctrica en los hogares para así poder contribuir a un uso más justo y racional de los recursos energéticos. Esperamos que os sea de utilidad, y ya sabéis que vuestros comentarios o sugerencias serán bienvenidas.

 

Eficiencia energética y ahorro económico

Hablamos de eficiencia energética y ahorro cuando logramos reducir la cantidad de energía que consumimos obteniendo un resultado final similar: convertido en calor, luz, frío, servicios de telecomunicaciones, funcionamiento de maquinaria y herramienta, etc. Es frecuente que cuando conseguimos una mayor eficiencia energética se origine un ahorro energético que se traduzca en un ahorro económico. Esta circunstancia hace que a veces confundamos el ahorro económico con la eficiencia energética.

Sin querer entrar en una discusión profunda al respecto, comentar que una mayor eficiencia puede originar diversos escenarios que no tienen por qué ser el habitual “mejoro eficiencia – ahorro económico”. Se pueden dar los siguientes resultados:

  • Un mayor consumo energético (consultar la paradoja de Jevons).
  • Puede no ser una mejora económica: Por ejemplo, podemos cambiar nuestras ventanas para aislar mejor nuestra vivienda y ahorrar en el consumo de energía pero puede que desde el punto de vista económico no ahorremos lo suficiente como para amortizar la instalación. Es evidente que no todo tiene que soportarlo siempre la mejora energética (un mayor confort térmico por este tipo de ventanas, mejora en el aislamiento acústico, … son otras mejoras que no siempre se contabilizan al hacer estos estudios).

Dentro de esta casuística entre eficiencia energética y ahorro económico, también nos encontramos con el caso de un ahorro económico que no presenta ninguna mejora en la eficiencia (o al menos directa). Tal es el caso de un ajuste de las tarifas de la energía eléctrica (hacia unas más competitivas), un ajuste de potencia contratada o un cambio de tarifa entre la discriminación horaria y la no discriminada o vice-versa. No obstante, este punto es fundamental ya que puede originar importantes ahorros económicos que además pueden ayudar con las inversiones necesarias para “atacar” la eficiencia energética y amortizarla lo más rápido posible. Estos aspectos los podemos analizar de forma sencilla con EnergÉtica coop. Basta con enviar una consulta a info@energeticacoop.es.

En este texto nos vamos a centrar más en la eficiencia energética dejando la parte del ahorro económico asociado a las diferentes tarifas para otro texto monográfico.

 

La eficiencia energética puede conseguirse de muchas maneras:

  • Produciendo nuestra propia energía renovable (térmica, fotovoltaica, biomasa, etc.). Cuando la producción de energía se hace en la misma vivienda la eficiencia es muy alta y las pérdidas por el transporte son mínimas.
  • Contratando el suministro de energía con cooperativas que garanticen su origen como energías renovables ya que no agotaremos recursos y por tanto conseguimos un alto nivel de eficiencia productiva.
  • Contratando una tarifa de potencia adecuada a nuestro tipo de consumo. Es la forma de no derrochar un caudal máximo de kilovatios que no vamos a usar.
  • Utilizando de manera eficiente los aparatos, mecanismos y herramientas tanto en el trabajo como en el hogar (electrodomésticos, iluminación, equipos de telecomunicaciones –sonido, imagen, ordenadores, internet-).
  • Y además, mejorando los factores externos que nos hacen consumir mucha energía: aislando los edificios y viviendas, eligiendo viviendas en bloques eficientes, evitando el transporte privado y potenciando el público y el uso de la bicicleta, consumiendo productos locales, reduciendo el consumo innecesario, compartiendo objetos y habilidades, aprovechando objetos de segunda mano,…

 

Consumo en el hogar

Según el IDAE los hogares consumen el 15% de la energía total. En general los pisos consumen menos energía que las casas aisladas. En las zonas de frío la calefacción es lo que más consume y los aparatos en stand-by junto a fuentes de alimentación que no se desconectan consumen entorno al 2%.

Un hogar medio en España (3 personas) consume alrededor de 3500 kwh anuales en electricidad sin contar la calefacción que consume de media unos 5000 kwh.

En cuanto al consumo eléctrico, los electrodomésticos de la cocina suponen más de la mitad del gasto en electricidad. Normalmente el frigorífico es el electrodoméstico que más consume ya que está siempre encendido.

La iluminación, dependiendo del tipo de lámparas (bombillas), puede suponer hasta el 20% de consumo con lámparas incandescentes. Con iluminación LED puede suponer alrededor de un 10% o menos.

El resto del gasto se completa con pequeños electrodomésticos y todos los aparatos de imagen sonido y telecomunicación: televisiones, radios, ordenadores de sobremesa, impresoras, scanners, portátiles, móviles, tablets y los routers y demás aparataje para internet (ONT, switch, repetidores wifi…) que al estar algunos encendidos todo el día acaban representando un consumo significativo.

La instalación de fibra óptica viene acompañada de una externalización del gasto en electricidad que hasta ahora asumía la empresa de telefonía y con la fibra óptica debe asumir obligatoriamente el ‘cliente’.

Ante ausencias largas es aconsejable desenchufar algunos o todos los electrodomésticos (o desactivar los interruptores magnetotérmicos correspondientes o el interruptor general). También es conveniente cerrar las llaves de paso del agua para evitar accidentes y averías.

 

Renovación de electrodomésticos y etiquetas energéticas

Se recomienda cambiar los electrodomésticos solamente cuando estén estropeados y no compense su arreglo o tengan un funcionamiento anómalo que incrementa mucho su consumo o no cumpla su cometido; en caso contrario hay que extender su vida útil todo lo posible. El consumo directo de energía es una de las variables a considerar y, generalmente, los nuevos electrodomésticos son más eficientes que los antiguos, pero en su fabricación y transporte consumen mucha energía así como múltiples materias primas, la mayoría no renovables. Además, los electrodomésticos retirados no suelen ser reciclados adecuadamente a pesar de que pagamos por ello en el momento de la compra.

Un frigorífico nuevo necesita unos 3.600 kW para su fabricación y puede ahorrarnos unos 200 o 300 kwh anuales (entre 30 y 50 euros anuales). El sobrecoste por una mayor eficiencia energética (clase A, A+ y A++) es del 10 al 40% y ese sobrecoste se amortiza entre los 2 y los 4 años.

Es muy recomendable que cuando cambiemos un electrodoméstico lo hagamos por uno de muy alta eficiencia (A++ o A+), conseguiremos un ahorro importante y entre 2 y 4 años habremos amortizado el sobrecoste.

Es importante comprar electrodomésticos adecuados al número de personas que lo vayan a usar. Si compramos un frigorífico enorme para 1 o 2 personas estaremos derrochando energía además de un sobrecoste innecesario en el momento de la compra. Lo mismo se puede aplicar a todos los electrodomésticos: vitrocerámicas, hornos, lavadoras, etc.

Cuando cambiemos un utensilio eléctrico por otro nuevo tenemos que tener en cuenta que detrás de estos aparatos existe un proceso de fabricación y transporte que provoca un elevado consumo de energía,a parte de los residuos que genera. Por eso, energéticamente hablando, un electrodoméstico nuevo aunque sea más eficiente y ahorremos en la factura de la luz, no supone un ahorro de energía en global frente a seguir utilizando el electrodoméstico viejo.

En el caso de las lámparas LED, sobre todo si se utilizan muchas horas al día, si que podría salir energéticamente hablando, utilizarlas para sustituir las bombillas “normales” (de incandescencia).

La electricidad tiene eficiencia energética baja para producir calor, por eso, es mejor utilizar otras fuentes de energía para calentar agua, calefacción o cocinar.

(continuara…)

 

 

Documentación y enlaces